Subsecretaría de Derechos Humanos - Registro Único de la Verdad
 
 

LA DOCTRINA

DESAPARICION FORZADA DE PERSONAS
 

La desaparición forzada de personas se comienza a practicar en la guerra de Argelia por la O.A.S, organización paramilitar de los servicios secretos franceses que formaban parte de la propuesta imperial en África. A partir de la Doctrina de Seguridad Nacional, ideada por el Departamento de Estado de Washington, para “combatir” el enemigo interno. Dado que para EEUU a partir de esta doctrina define que la guerra contra el “comunismo” tiene fronteras y éstas son ideológicas. Vietnam es el escenario donde EEUU comienza a practicar en forma sistemática, como método. 
Ya instalado el despertar de los pueblos del Tercer Mundo, en las décadas de los ´60 y ´70, Washington aplica la Doctrina de Seguridad Nacional a través de dictaduras sangrientas en todo el continente americano. 
La experiencia de algunos conflictos armados y la derrota de algunos ejércitos modernos por fuerzas guerrilleras irregulares, fueron algunos factores que hicieron reflexionar a los militares occidentales sobre una nueva concepción de la guerra. 


"La doctrina de la contrainsurgencia en su aplicación integral requiere no sujetarse a la ley. No otorgar facilidades al "enemigo", de manera que éste no sepa a qué atenerse respecto del avance de una operación: no se dan a publicidad las detenciones y se mantiene en secreto el lugar del encarcelamiento. La necesidad de extraer información con rapidez es cumplida mediante la aplicación de la tortura sistemática. Esta operación está protegida por el secreto y, por tanto, no sujeta a los recaudos de la ley. Los prisioneros no contarán con la defensa de abogados, sus parientes no sabrán dónde están, no será pública su detención."

 
La Desaparición Forzada de Personas fue el método central de la política de exterminio del opositor político. Paralizando a la sociedad mediante el terror, fue la forma en que se corporizó la dictadura militar que usurpó el poder el 24 de Marzo de 1976, en todo el territorio nacional.
 

La desaparición forzada se basa en un secuestro llevado a cabo por agentes del Estado o grupos organizados de particulares que actúan con su apoyo o tolerancia y donde la víctima "desaparece". Las autoridades no aceptan ninguna responsabilidad del hecho, ni dan cuentas de la víctima. Los recursos de habeas corpus o de Amparo -mecanismos jurídicos destinados a garantizar la libertad e integridad del ciudadano- son inoperantes y en todo momento los perpetradores procuran mantener el anonimato. 


El objetivo es, además de la captura de la víctima y su consiguiente "tratamiento" sin freno de ningún tipo, el crear, desde el anonimato y la subsiguiente impunidad, un estado de incertidumbre y terror tanto en la familia de la víctima como en la sociedad entera. Incertidumbre, porque no se sabe qué hacer, a quién recurrir, porque se duda sobre el real destino y/o los beneficios de la búsqueda. Terror por el destino desconocido, pero obviamente terrible, y por la convicción de que cualquiera y por cualquier motivo puede ser un desaparecido.
 

En la desaparición forzada se acumulan una serie de violaciones de los derechos fundamentales de las personas: el derecho a la libertad y la seguridad de la persona, el derecho a ser reconocida en todas partes como una persona ante la ley, el derecho a la defensa, el derecho a no ser sometido a la tortura, y constituye una grave amenaza al derecho a la vida.
 

La desaparición forzada paraliza tanto la acción opositora de la víctima como a la sociedad entera. El desaparecido no es pues, un simple preso político; tampoco es -como quienes la practican quisieran hacer que se considere- un muerto, por más que se hayan encontrado, muchas veces, sus cadáveres.
 

No es posible la construcción de una sociedad en base de una falsa reconciliación, inadecuada justicia, indultos presidenciales y olvido. Ignorarla es la mejor forma de alentarla.
 

En nuestro país la Doctrina de Seguridad Nacional llevada a cabo por la Junta Militar que implementó el Terrorismo de Estado el 24 de marzo de 1976 practicó sistemáticamente la desaparición forzada de personas, cometiendo los más atroces crímenes de lesa humanidad, haciendo desaparecer a 30.000 personas, creando más de 324 Centros Clandestinos de Detención en el territorio nacional en los cuales se torturó, se violó y se robó los niños nacidos en cautiverio sistemáticamente. 


 
 
 
De ruedecitas y motores
El 21 de Octubre de 2005, el Juez Refecas procesó a quince represores, miembros de los grupos de tareas que operaron en los centros clandestinos El Atlético, El Banco y El Olimpo.
En la Resolución, el Juez consideró que todas las personas que desarrollaron una actividad en el campo de detención, ya sea que se vinculara a la guardia o aseguramiento de detenidos, ya sea que interviniera en los interrogatorios o fuera miembro del grupo de tareas, efectuaba “un aporte esencial al mantenimiento de las víctimas bajo un régimen de vida constitutivo de la imposición de tormentos, más allá de la mayor responsabilidad penal que oportunamente corresponda asignarle a aquellos que tuvieron intervenciones más directas en la aplicación de suplicios”. Al respecto, mencionó el análisis que hizo la pensadora Hannah Arendt sobre el rol de Adolf Eichmann en el Holocausto. “Escuchamos las afirmaciones de la defensa en el sentido de que tan solo era una “ruedecita” en la maquinaria de la Solución Final, así como las afirmaciones de la acusación, que creía haber hallado el verdadero motor de aquella máquina. El Tribunal reconoció en su sentencia que el delito juzgado únicamente podía ser cometido mediante el empleo de una gigantesca organización burocrática que se sirviera de recursos gubernamentales. Pero en cuanto las actividades en cuestión constituían un delito, todas las ruedas de la máquina, por insignificantes que fueran, se transformaban, desde el punto de vista del tribunal, en autores, es decir, en seres humanos. Si el acusado se ampara en el hecho de que no actuó como tal hombre sino como funcionario cuyas funciones hubieran podido ser llevadas por cualquier otra persona, ello equivale a la actitud del delincuente que, amparándose en las estadísticas de la criminalidad, declarase que él tan solo hizo lo que ya estadísticamente estaba previsto y que tenia carácter accidental el que fuese él quien lo hubiera hecho y no cualquier otro, por cuanto, a fin de cuentas, alguien tenía que hacerlo”.
 
 

 

 
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