El nuevo concierto de la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos se realizará este sábado 3 de octubre a las 20 en el Centro Cultural Juan L. Ortiz de Paraná (Racedo 250). La actividad es organizada por la Secretaría de Cultura de Entre Ríos y la Municipalidad de Paraná, con el auspicio del Centro de Ojos Dr. Lódolo y el Howard Johnson Plaza Resort & Casino Mayorazgo. La entrada es libre y gratuita, con acceso por orden de llegada.

Bajo la dirección artística de Luis Gorelik, la velada contará con la participación de Gonzalo Hidalgo (Venezuela) como director invitado. En la ocasión se interpretarán Nardugan (estreno en Argentina), de Elmir Nizamov; Mi madre la oca, de Maurice Ravel; y la Sinfonía N.° 8 Op. 88, de Antonín Dvořák.
Sobre el director invitado: Gonzalo Hidalgo
Gonzalo Hidalgo es director de orquesta, fagotista y médico cirujano egresado de la Universidad Central de Venezuela. Inició sus estudios musicales a los nueve años en “El Sistema” de Orquestas Venezolanas, en la provincia de Barinas.
Se formó en fagot con los maestros Antonio Aray, Henning Trog, Stefan Schweigert (Sinfónica de Salta y Filarmónica de Berlín) y Matthias Racz (Orquesta Tonhalle de Zúrich). Como fagotista principal de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, actuó bajo la dirección de Gustavo Dudamel, Simon Rattle, Daniel Barenboim y Claudio Abbado en las salas y festivales más importantes de la música clásica de la actualidad.
De la cátedra de dirección de los maestros Eduardo Marturet y Teresa Hernández, Gonzalo ha dirigido algunas de las orquestas juveniles y profesionales más importantes de Venezuela, Colombia y Perú. Cuenta con una Maestría en Música de la Universidad EAFIT de Medellín (Colombia), realizada con el maestro Alejandro Posada. Fue finalista del concurso internacional para Director Asociado de la Orquesta Sinfónica de Singapur y para el cargo de Director Titular de la Longwood Symphony Orchestra en Boston.
Actualmente se desempeña como Director Itinerante de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, integrante del Comité Rector de la Escuela Nacional de Fagot de “El Sistema” y Director Asistente de la Orquesta del Conservatorio de la Shenandoah University (Virginia, Estados Unidos), donde cursa un doctorado en artes musicales con mención en dirección de orquesta. En noviembre de 2022 ganó el Concurso Internacional para Director Titular de la Orquesta Sinfónica de Salta.

(Foto: Elmir Nizamov)
Sobre la Sinfonía N.° 8 de Antonín Dvořák
En 1889, a Dvořák le restaban por escribir dos sinfonías, un concierto para violonchelo y una serie de poemas sinfónicos. Doce años antes, Johannes Brahms había defendido la música de Dvořák (particularmente los Dúos moravos), lo que derivó en el reconocimiento internacional de las Danzas eslavas y en que Fritz Simrock asumiera como editor de sus obras. La Sinfonía en Sol mayor no fue publicada por Simrock, tras el rechazo del compositor a una oferta económica equivalente a una sexta parte de lo pagado por la Sinfonía en re menor N.° 7 Op. 70. Ante la repercusión de su trabajo en Inglaterra, la obra fue publicada por la casa británica Novello en 1892.
A pesar de los ocasionales arrebatos dramáticos, el tono predominante de la Octava Sinfonía es de euforia bucólica, la pura alegría de estar vivo en un mundo de maravillas naturales. El biógrafo del compositor, Otakar Šourek, explicó que Dvořák tenía «[su] propio jardín en Vysoká [el retiro patrocinado por el Estado en el sur de Bohemia], que amaba “como el arte divino mismo”, y los campos y bosques por los que paseaba… [Eran] un refugio bienvenido, que le aportaba no solo paz y un nuevo vigor mental, sino también una feliz inspiración para nuevos trabajos creativos. En comunión con la naturaleza, en la armonía de sus voces y los ritmos palpitantes de su vida, en la belleza de sus cambiantes estados de ánimo y aspectos, sus pensamientos surgían más libremente… Aquí absorbía impresiones y estados de ánimo poéticos, aquí se regocijaba en la vida y se afligía por su inevitable decadencia, aquí se entregaba a reflexiones filosóficas sobre la sustancia y el significado de la interrelación entre la Naturaleza y la vida».

Podría decirse que Dvořák reflejaba una visión en la que el mundo natural es fuente tanto de asombro como de infortunio. La apertura del primer movimiento de la Octava Sinfonía, un coral serio y más bien sombrío para cuerdas graves, da paso rápidamente a un audaz solo de flauta. Sin dejar nunca de lado el elemento dramático, Dvořák da rienda suelta al lado poético de su naturaleza a lo largo de los siguientes movimientos de esta querida partitura, desde la retórica a menudo melancólica del Adagio hasta el Allegretto grazioso con sabor a vals folclórico y el vigorizante tema y variaciones del entusiasta final.
A lo largo de su carrera, Dvořák compuso en numerosos géneros, aunque era como compositor de ópera donde más ansiaba alcanzar el éxito. Tras haber pasado de sus simpatías abiertamente wagnerianas a una vía más «absoluta» y formal, Dvořák, cuando se disponía a componer su Sinfonía en Sol mayor, había entrado en otra fase. En esta obra, se basó menos en el rigor estructural y más en el atractivo inmediato de elementos más evocadores, haciendo un uso elocuente de la yuxtaposición regular de secciones contrastadas en tonalidades mayores y menores. Este nuevo enfoque de la forma musical le llevaría finalmente a esos poemas sinfónicos que coronaron su catálogo orquestal en 1896.
